Cientos de jóvenes tupperware salen de los edificios del complejo tecnológico. Se trata de esos tupperware que entran llenos a dichos edificios pero siempre salen vacíos.
Probablemente nadie de las personas que pusieron sobre la mesa la construcción de dicho complejo imaginó que pasaría algo así. Ellos pensaban en un lugar que aunase naturaleza con tecnología, un lugar cómodo y representativo que atrajese a una tecnología cualificada y moderna en Andalucía como los ordenadores o los satélites, algo así como un parque de silicio de Málaga. Pero en vez de eso atrajo a los dueños de los tupperwares, transformándolo todo en el habitad de los tupperware.
Puede que fuera la avaricia la que se pusiera por delante, en forma de maletines llenos de fajos de billetes, y fuera la causante de este hecho, pero lo cierto es que, aún sin saber las causas, los hechos son los presentes. En Málaga si trabajas en el parque de los tupperware, o eres un tupperware o no puedes trabajar allí.
Los tupperware suelen ir dentro de pequeñas neveritas o pequeños maletines.
Recuerdo que, hace algo más de un año, creía ver personas, pero ya no, ya sólo veo tupperware. Supongo que es lo que tiene transformarse en otro tupperware.
Marchamos a las seis de la tarde, otros lo hacen a las siete, y hay quién se queda sin cobrar hasta las nueve o las diez de la noche, de esos también los hay hasta las una de la madrugada.
He escuchado historias sobre tupperware que se quedaron vacíos, no pudieron volver, y ningún otro edificio los quiere dentro, sólo porque un edificio lo tiró por la ventana o porque no quiso volver a dicho edificio. Me dicen que así es la vida, si no eres un buen tupperware no tendrás trabajo para tupperware, y es que un buen tupperware no debe hablar, ni moverse, ni irse a menos que lo empujen. Pero un tupperware sólo puede llenarse durante la noche, es algo que los que no son tupperware no logran entender.
Los tupperware somos así, cuando nos vacían no nos quieren, y tenemos que buscar la manera de no rompernos o derramar por culpa de los brutos movimientos que nos somete nuestro dueño.
Cuando ningún humano nos rodea, los tupperware contamos historias sobre cómo otros tupperware viven mejor fuera de España. Muchos tupperware empiezan a venir con algo de idioma alemán dentro de ellos, otros venimos con inglés. Por suerte los idiomas son sobras para nuestros dueños y podemos esconderlas y guardarlas en un lugar seguro.
Te dicen que como buen tupperware has de tragar, pero la bulimia es una tentación que muchas veces no podemos resistir en nuestros hogares o con nuestros amigos. Te dicen que no lo entienden, que en el fondo te gusta ser un tupperware, que siempre has soñado con ser un tupperware. Pero siempre te lo suelen decir la gente que no saben cómo es vivir como un tupperware.
Podría ser peor, pero eso no es un argumento para negar que, en el fondo, sólo somos tupperware [1].
Notas:
[1] Que conste que no hablo sólo de los programadores, hablo de la situación de muchos trabajadores de dicha zona en el día de hoy, aunque puede que las dos últimas oraciones del penúltimo párrafo sí sea exclusivo a dicha profesión.
[1] Que conste que no hablo sólo de los programadores, hablo de la situación de muchos trabajadores de dicha zona en el día de hoy, aunque puede que las dos últimas oraciones del penúltimo párrafo sí sea exclusivo a dicha profesión.
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¿Por qué tiré esta entrada a la basura?
Es que quejarme sobre esto en plena época de crisis económica, en la que a taaaanta gente le cuesta conseguir un trabajo y habiendo quién, ni siquiera, tiene opción alguna a conseguirlo por culpa de esta crisis, queda bastante egoísta. Sí todo esto que cuento no es justo, sí está pasando en varios sectores laborales, y sí no parece tener otra solución que la del fin de esta crisis, pero hay quién lo está pasado muy muy mal y no se merecen leer una queja así. No es justo para ninguna parte.